(Viene de atrás) Si damos por aceptadas las afirmaciones del artículo anterior, en el que se pretendía demostrar la importancia de conocer, y de manera correcta las carácterísticas peculiares del entorno que nos rodea, será conveniente el continuar reflexionando sobre la actitud a adpotar una vez conocido dicho entorno. Una actitud esta que, por cierto, no debería ser otra que proactiva, asumiéndola como un ejercicio de responsabilidad sobre nuestras propias vidas en cuanto que se nos exige tomar la iniciativa y no esperar a lo que venga sino intentar que las cosas sucedan tal y como nosotros deseamos.
Pero nadie ha dicho que esto sea fácil. Cuando hoy miras a tu alrededor y observas, no sólo tu propia situación, sino también la de aquellos, algunos muy cercanos a ti, que te rodean, lo más lógico es pensar que este asunto no haya por donde cogerlo.
Y como este que escribe ha sido siempre muy crítico con los vendedores de humo que nos regalan con su panacea universal, y nos muestran los mágicos , por breves en esfuerzo, caminos del éxito, se intentará ahondar algo en este asunto, y para este menester se recurrirá a la teoría de los círculos de preocupación y de influencia que Stephen R. Covey ya nos mostrara en su bestseller “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”.
De esta manera, nuestro entorno nos envuelve y nos rodea como un círculo dentro del cual se hayan todos nuestros motivos de preocupación, y en efecto, como era de suponer, no sobre todas las cosas que se encuentran en ese círculo tenemos capacidad de influir, pero sí en algunas, de esta forma aparecería dentro de nuestro círculo de preocupación un segundo al que llamaremos círculo de influencia, donde se encontrarían todos aquellos asuntos, muchos o pocos, que en mayor o menor medida sí podemos ejercitar nuestra influencia si ejecutamos nuestra acción.
Así, volviendo al concepto de proactividad, si somos capaces de concentrar todos nuestros esfuerzos en ese círculo sobre el que podemos trabajar, lo estaremos haciendo de forma efectiva sobre nosotros mismos y podremos aprovechar realmente nuestros esfuerzos, de tal modo que el círculo de influencia se hará mayor y nuestro control sobre la situación crecerá igualmente.
Por el contrario, lógicamente, si nos dispersamos entre todo aquello que nuestra acción no puede afectar, este esfuerzo será en vano, nuestro círculo de influencia decrecerá y, con toda probabilidad, nos veremos desbordados por una suma de preocupaciones que nos impedirán, definitivamente, tomar la rienda de nuestro futuro.
Y para ello, como ya se ha expuesto, me permito insistir, se hace preciso un gran ejercicio de responsabilidad, entendiendo que siempre hay algo que se puede hacer, partiendo desde nuestra libertad para posicionarnos en la adecuada actitud, asumir la dirección de nuestra vida.
«Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento»
Viktor Emil Frankl 1905 – 1997
Pero nadie ha dicho que esto sea fácil.


10 marzo 2011

«Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento»




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